Calentando la oficina
Ayer un amigo me contaba que mantiene una relación con una compañera de trabajo y que nadie más en la oficina lo sabe. He conocido en propia carne lo que es vivir un romance de este tipo y la verdad es que tiene bastante emoción. La principal ventaja es que vas a trabajar mucho más motivada que de habitual, pero tiene el inconveniente de que si acaba mal, el ambiente puede ser nefasto.
Recuerdo que durante aquella aventura, mi compañero y yo nos sentábamos uno al lado del otro en una mesa de 8 personas y sin inmutarnos nos enviábamos mensajes subidos de tono por email. La cosa fue calentándose y llegó un momento que nos escribíamos relatos eróticos y los leíamos en la oficina con cara de “estoy leyendo un informe”. Los calores que me subían eran increíbles. El morbo de esa clandestinidad y de estar calentándonos en un ambiente nada propio para ello era muy excitante. Nunca me había ocurrido tener que ir al baño a refrescarme del calentón que tenía. No sé si lo pasaba bien o mal, pero era adictivo.
Aprovechábamos las visitas al almacén a por clips o cuando nos cruzábamos en el pasillo o nos quedábamos un momento solos en la máquina de café para tocarnos suavemente, sin hacer nada más por si aparecía alguien. También por debajo de la mesa había veces que nos rozábamos. Era suuuuuper excitante.
Después, al salir de la oficina, llevábamos tanto tiempo calentándonos mutuamente y aguantando, que el sexo era apasionado a tope. La historia terminó cuando me cambiaron de sección y dejamos de vernos. Quedar fuera de la oficina en plan novios ya no tenía el mismo morbo. Lo interesante del asunto era calentarnos sin que los demás se dieran cuenta.
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