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Atracción fatal

Ana y Luis se conocieron en el gimnasio. Ella estaba en una case de aeróbig cuando presintió que alguien la observaba desde fuera. Intentó mirar con disimulo, pero habían varias `personas ojeando como las chicas sudaban al ritmo de una música que sonaba a todo volumen, por lo que no atinó a saber quien era esa persona que la miraba tan fijamente. Paró en seco y miró a los ojos a la persona que parecía que la estaba desnudando con la mirada. Era un chico moreno, tanto de piel como de cabello, unos ojazos enormes de color negro intenso y un cuerpo musculado que se intuía por la camiseta tan ajustada que llevaba. Ana no pudo evitar sonrojarse cuando sus miradas por fin se encontraron. Cuando al fín reaccionó se dio cuenta de que había perdido totalmente el hilo de la clase y fue incapaz de seguir el ritmo de sus compañeros. Esto pareció divertir al muchacho ya que dibujó una amplia sonrisa en su boca. Ana contó hasta diez y olvidó por un momento al morenazo para volver a saltar al ritmo de la música, lo consiguió y al mirar de nuevo para fuera observó que el chico ya no estaba.
Pasó el resto de la clase pensando en esa mirada tan penetrante que la había cautivado hasta tal punto de haber perdido la concentración. Entre el calor que allí hacía y el calor que sentía por dentro al pensar en ese chico Ana decidió irse a la ducha antes de que la clase acabara.
 
Dejó caer el agua por encima de sus desnudos hombros y apoyada con sus manos en la pared se relajó totalmente. Notó de pronto las caricias de unas manos en su espalda. Brincó de tal forma que casi resbala con la mezcla de jabón y agua y se agarró como pudo a la mano de ese chico moreno que minutos antes la observaba desde fuera de la clase. Se dio cuenta de la situación en la que estaba y no pudo evitar intentar taparse el cuerpo. Ese chico no dijo ni una sola palabra, simplemente la besó en sus labios mojados. Ana no podía creerse lo que le estaba pasando, pero era tan grande la atracción que ese chico había despertado en ella que se dejó hacer. Las manos del muchacho recorrían todo su cuerpo sin darle tregua y ella cada vez se sentía más perdida entre sus brazos. Nunca antes se había sentido tan excitada y desde luego era la primera vez que algo así le sucedía, pero era una atracción tan fatal que no podía poner la más mínima resistencia. Antes de poder darse cuenta él ya la había cogido en brazos poniendo las piernas de Ana alrededor de su cintura y ésta notó su espalda mojada apoyarse contra la pared de la ducha. Notó seguidamente como el miembro erecto de su acompañante la penetraba una y otra vez y Ana se estaba volviendo tan loca que empezó a gemir de placer hasta conseguir el mayor orgasmo de su vida.
 
Todo sucedió tan rápido que fue para ella como algo irreal. Ahora se sentía muy avergonzada al notar que el agua seguía resbalando por sus cuerpos exhaustos y al pensar que no conocía de nada al hombre que le acababa de hacer el amor en aquella misma ducha. Él la miró más fijamente que nunca y le dijo:- Si esto ha sido tan increible para ti como para mi no tienes de que avergonzarte, eres lo mejor que me está pasando en mucho tiempo. Ana se ruborizó completamente y solo atinó a asentir con la cabeza. El chico la abrazó tan fuerte que por un instante le faltó le respiración.
 
Salieron de la ducha y en silencio empezaron a secarse el cuerpo y a vestirse. Lo siguiente que le dijo aquel muchacho fue:- Por cierto me llamo Luis y me encantaría que vinieras conmigo a cenar esta noche…
 
 

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