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Acoso sexual en la oficina

Como si no fuera suficiente con el acoso escolar entre estudiantes, cuando las personas crecen y forman parte del mercado laboral ,se sienten libres de esa pesadilla que sufrieron durante su etapa de formación académica, pero en algunos casos estos acosos se prolongan y se ven sustituidos los golpes  o insultos , por caricias o palabras de deseo no convenidas o consentidas. Afortunadamente estos dos tipos de acoso no suele ser el denominador común de todos los que estudiaron ni de todos los que trabajan, pero es evidente que existe.

El acoso sexual el en trabajo es algo mas frecuente de lo que el grueso general de la población imagina, son muchas mujeres las que lo sufren en silencio, y en menor proporción los hombres.

Esta clase de acoso es en algún porcentaje iniciado o provocado por  la víctima, comenzando está por un discreto coqueteo, que luego se escapa de las manos y pasa a niveles indeseados o inesperados, ya que si el jefe tiene la típica personalidad dominante del acosador sólo necesita un mínima señal para comenzar sus desagradables ataques, en el resto de casos y con fuerte mayoría son culpables exclusivos los superiores, y como tales la responsabilidad de que el acoso esté o no presente recae sobre sus hombros.

Es tarea del jefe o superior demarcar el área y no traspasar los límites de respeto hacia sus iguales o subordinados , y contribuir al buen ambiente de la oficina, y el perfecto desarrollo de las actividades dentro de la misma.

Cuando un hombre o una mujer se atreve por fin a denunciar el acoso del cual es víctima, se consigue muchas veces con la barrera casi infranqueable de demostrar que los hechos que denuncia realmente ocurrieron, y en cualquier caso será su palabra contra la del denunciado.

Aunque como ya se específico mas arriba el acoso es en buen grado culpa de los superiores, como empleado o subordinado se deben tener también en cuenta ciertas normas para  prevenir el acoso, no es recomendable acudir al centro de trabajo con vestuarios demasiado escotados o llamativos, aunque las intenciones sean buenas, se puede estar enviando el mensaje equivocado de disponibilidad sexual.

Sería ideal mantener siempre en el lugar de trabajo una actitud si bien, educada, no excesivamente cariñosa o que muestre demasiada confianza hacia el resto de compañeros.

Con esto puede bastar para evitar propiciar de algún modo el acoso, lo que suceda después ya no dependerá del empleado sino de la actitud del superior o de los demas trabajadores.


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